jueves, 31 de marzo de 2016

No creas



NO CREAS


A N...


No creas que así escaparás, en el silencio de tu gesto, por muy despacio que pronuncies la palabra impronunciable y crezca su acento como una semilla que te acerca al mar, al hogar de la voz que dice amén en el rincón de las contadoras, lejos ya del jardín de tu calle, en la ciudad bajo la lluvia, donde las aves te llevan de la mano hacia el cuerpo vacío de las horas.

¿Quién me llama? Serás tú, tu otredad de abandono que nunca está, que navega hacia otro mar, hacia el dolor y la deuda que el tiempo tiene contraída con nosotros.

Ah, presencia presentida. En la tarde de invierno, tú, vestida de inocencia, huida sobre un puñado de tierra mojada, como la lluvia sobre el mar. Tú, amiga del bronce vivo de los versos, del diezmo y la behetría cerrada de los sueños. Solo tú, con un libro de oraciones cantando una oda a María Magdalena.

Aquí estoy. Espero paciente, mas tarda el ángel. Mientras tanto, escribo. Escribo sonetos de otro amor, cuatro sonetos del vivir y cuatro veces cuatro sonetos de amor elemental. 

Como Whitman, canto al hombre sencillo, canto a la mujer, canto a mí mismo.

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En orden, se utilizan, fundidos en el poema, los títulos del poemario De la lluvia sobre el mar, de Nicolás Rodríguez Martín (Motril, 2016).